Pongamos por caso que en un colegio de una localidad cualquiera hay entre un 30 o un 40 por ciento de alumnado gitano. Pongamos por caso que entre el 60 o el 70 por ciento de ese alumnado deja los estudios secundarios o fracasa en sus estudios. Pongamos por caso que cuando esos niños y niñas llegan al instituto, además de aquellos niños y niños que aún no siendo gitanos viven en un contexto social desfavorecido, son incluidos de manera mayoritaria en grupos que pareciesen diseñados especialmente para ellos; mientras, que pongamos por caso, el resto de compañeros/as acceden a otros grupos, que bien pudieran ser incluso bilingües, que terminan teniendo unas mejores oportunidades formativas. Pongamos por caso que año tras años los maestros/as de primaria que atienden a esos niños/as terminan la etapa con la sensación de que muchos de sus niños y niñas se les escapan, sin haber sido capaces de llegar a ellos/as, sin haber sido capaces de conseguir los cambios que todo maestro/a quiere para sus niños/as. Pongamos por caso que cada año en las evaluaciones iniciales de secundaria este grupo de alumnos/as termina teniendo los peores resultados, y que probablemente estos posteriormente se mantienen en los cursos posteriores. Pongamos por caso que la administración fuera consciente de esta situación y pusiera los recursos necesarios para poder responder a las necesidades de todo el alumnado posibilitando una real igualdad de oportunidades. Pongamos por caso que a la hora de matricular la administración evitara la segregación buscando un reparto más equitativo de todo el alumnado entre los centros de una localidad. Pongamos por caso que todos los maestros/as al finalizar la etapa se sintieran satisfechos con los logros y evolución de todos sus alumnos/as. Pongamos por caso que todos los niños y niñas terminaran alcanzando sus sueños y no se quedaran en el camino por pertenecer a un grupo determinado, por haber ido a una escuela concreta o por vivir en un barrio determinado. Pongamos por caso que viviéramos en una sociedad más justa e igualitaria. Pongamos por caso que fuéramos capaces de identificar todas estas necesidades y que fuéramos capaces de responder desde diferentes ámbitos a las mismas de manera adecuada (administración, escuela, familias, servicios sociales…). Pongamos por caso que las cosas empezaran a cambiar, ¿nos ponemos a ello?
Pongamos por caso que la segregación escolar y social no existiera
Nos dice la Fundación Secretariado Gitano en este último vídeo que ha lanzado que en cada ciudad de España hay un colegio que asume la mayor parte del alumnado gitano. Cuando se hace eso, cuando eso está unido también a diferencias socioculturales y económicas y no sólo a pertenencia étnica, las consecuencias pueden ser muy negativas para ese alumnado; pudiéndose en muchos casos no conseguir esa igualdad de oportunidades ni de resultados de la que tanto alardeamos.
Pongamos por caso que en un colegio de una localidad cualquiera hay entre un 30 o un 40 por ciento de alumnado gitano. Pongamos por caso que entre el 60 o el 70 por ciento de ese alumnado deja los estudios secundarios o fracasa en sus estudios. Pongamos por caso que cuando esos niños y niñas llegan al instituto, además de aquellos niños y niños que aún no siendo gitanos viven en un contexto social desfavorecido, son incluidos de manera mayoritaria en grupos que pareciesen diseñados especialmente para ellos; mientras, que pongamos por caso, el resto de compañeros/as acceden a otros grupos, que bien pudieran ser incluso bilingües, que terminan teniendo unas mejores oportunidades formativas. Pongamos por caso que año tras años los maestros/as de primaria que atienden a esos niños/as terminan la etapa con la sensación de que muchos de sus niños y niñas se les escapan, sin haber sido capaces de llegar a ellos/as, sin haber sido capaces de conseguir los cambios que todo maestro/a quiere para sus niños/as. Pongamos por caso que cada año en las evaluaciones iniciales de secundaria este grupo de alumnos/as termina teniendo los peores resultados, y que probablemente estos posteriormente se mantienen en los cursos posteriores. Pongamos por caso que la administración fuera consciente de esta situación y pusiera los recursos necesarios para poder responder a las necesidades de todo el alumnado posibilitando una real igualdad de oportunidades. Pongamos por caso que a la hora de matricular la administración evitara la segregación buscando un reparto más equitativo de todo el alumnado entre los centros de una localidad. Pongamos por caso que todos los maestros/as al finalizar la etapa se sintieran satisfechos con los logros y evolución de todos sus alumnos/as. Pongamos por caso que todos los niños y niñas terminaran alcanzando sus sueños y no se quedaran en el camino por pertenecer a un grupo determinado, por haber ido a una escuela concreta o por vivir en un barrio determinado. Pongamos por caso que viviéramos en una sociedad más justa e igualitaria. Pongamos por caso que fuéramos capaces de identificar todas estas necesidades y que fuéramos capaces de responder desde diferentes ámbitos a las mismas de manera adecuada (administración, escuela, familias, servicios sociales…). Pongamos por caso que las cosas empezaran a cambiar, ¿nos ponemos a ello?
Pongamos por caso que en un colegio de una localidad cualquiera hay entre un 30 o un 40 por ciento de alumnado gitano. Pongamos por caso que entre el 60 o el 70 por ciento de ese alumnado deja los estudios secundarios o fracasa en sus estudios. Pongamos por caso que cuando esos niños y niñas llegan al instituto, además de aquellos niños y niños que aún no siendo gitanos viven en un contexto social desfavorecido, son incluidos de manera mayoritaria en grupos que pareciesen diseñados especialmente para ellos; mientras, que pongamos por caso, el resto de compañeros/as acceden a otros grupos, que bien pudieran ser incluso bilingües, que terminan teniendo unas mejores oportunidades formativas. Pongamos por caso que año tras años los maestros/as de primaria que atienden a esos niños/as terminan la etapa con la sensación de que muchos de sus niños y niñas se les escapan, sin haber sido capaces de llegar a ellos/as, sin haber sido capaces de conseguir los cambios que todo maestro/a quiere para sus niños/as. Pongamos por caso que cada año en las evaluaciones iniciales de secundaria este grupo de alumnos/as termina teniendo los peores resultados, y que probablemente estos posteriormente se mantienen en los cursos posteriores. Pongamos por caso que la administración fuera consciente de esta situación y pusiera los recursos necesarios para poder responder a las necesidades de todo el alumnado posibilitando una real igualdad de oportunidades. Pongamos por caso que a la hora de matricular la administración evitara la segregación buscando un reparto más equitativo de todo el alumnado entre los centros de una localidad. Pongamos por caso que todos los maestros/as al finalizar la etapa se sintieran satisfechos con los logros y evolución de todos sus alumnos/as. Pongamos por caso que todos los niños y niñas terminaran alcanzando sus sueños y no se quedaran en el camino por pertenecer a un grupo determinado, por haber ido a una escuela concreta o por vivir en un barrio determinado. Pongamos por caso que viviéramos en una sociedad más justa e igualitaria. Pongamos por caso que fuéramos capaces de identificar todas estas necesidades y que fuéramos capaces de responder desde diferentes ámbitos a las mismas de manera adecuada (administración, escuela, familias, servicios sociales…). Pongamos por caso que las cosas empezaran a cambiar, ¿nos ponemos a ello?
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